Beatiful Creatures | Capítulo IV

 | Cuarta Entrada | 


El círculo estaba marcado, las velas encendidas y las palabras en forma de canto llenaba el aire tratando de invocar a aquella magnífica criatura que podía impedir la destrucción total del mundo como lo conocían.


El Sr. de la luz había tenido la idea, era el más viejo y sabio, tenía el conocimiento necesario y la experiencia para hacer lo que estaban realizando, sabía que los Señores de la magia actuaban como protectores del equilibrio y por ende, debían moverse en sincronía, ya no había más opciones y pronto, la oscuridad reinaría la tierra. Conectó su magia hacia la vela del norte, aquella magia primigenia hizo su encargo y pareció mover todo a su alrededor. 


Su aprendiz, quien tomaría su lugar como el siguiente señor de la luz, tomó la siguiente vela, era un medio elfo, tenía un porte imponente y su magia respondía con fuerza. Cuando el punto estuvo activado, el viento se detuvo por un largo segundo, para arremeter rápidamente con fuerza, cargado con mayor energía e ímpetu.


El Sr. de la oscuridad sentía ahogarse en la misma magia que arremolinaba alrededor, su propio pupilo no estaba diferente, tenían que armonizar la energía con su propia carga energética, sino las cosas se pondrían más pesadas para ellos.  Tenían que acabar con esta amenaza como tal, antes de que acabara con todo ser natural y sobrenatural, sea inmortal o no. Con la determinación renovada, activo el siguiente punto y el cambio les hizo respirar un poco mejor.


Su estudiante era una bruja que estaba entrando en la adolescencia, sin embargo su carácter era fuerte, y determinado, esto le ayudaba a seguir, confiando en las capacidades de su maestro, tenía que funcionar…si no, todo sería en vano o todos estarían condenados. Así el último punto estuvo activo, una humedad ligera se sentía en el aire y todo ese poder se concentró en la pequeña playa donde se encontraban.


| Cuarto Capítulo | Voces del abismo


Había tomado un largo tiempo para que Madam Pomfrey lo dejara salir de la enfermería, ella alegaba que un episodio de pánico como éste debía tener sus raíces en el fondo y había recomendado encarecidamente que viera a un medimago en San Mungo para un examen más exhaustivo y preciso. 


Su abogado, el sr. Lestrange, había mencionado que una vez que la situación legal del niño estuviera un poco más… estable, exigiría tales exámenes al tutor del chico. Puesto que, incluso si él fuera nombrado su tutor mágico temporal, sus acciones estarían sumamente limitadas.


Harry lo entendía, y si bien una pequeña esperanza infantil estaba floreciendo, sabía que debía quedarse con sus familiares por más tiempo, le ponía la piel de gallina, pero de momento estaban en Hogwarts y las vacaciones de invierno apenas habían terminado, aún faltaba medio año para que tuviera que regresar.


El chico se enfocaría en sacar las mejores notas, prestar atención en clases, tratar de expandir su red dentro de la casa, y luego, después de conocer a una chica de Ravenclaw de primer año, trató de conseguir que esta red caminara por otros lares. Pasaron algunos días sin muchas emociones, pues los Potter ya no habían tratado de contactarlo de nuevo. Pero luego…vinieron las voces.


Pasó después de ir al bosque prohibido porque Hagrid, el guardabosques estaba alardeando de su manada de hipogrifos y cómo algunos pequeños polluelos habían nacido. Harry, como muchos otros estudiantes estaban curiosos, y habían optado por ir con el guardabosques y aprender un poco de estas magníficas criaturas. Harry se había desviado un poco del camino, viendo un árbol de aspecto muerto. Podría haberlo dejado pasar pero ésta…carcasa, se veía diferente, más gris, más…oscura, parecía estar carente de toda vida y solo había una especie de vacío que él, en su poca experiencia y vida no podía poner en palabras, se había acercado y tocado levemente el árbol. Sintió una especie de pinchazo leve que le sacó una gota de sangre y se alejó. Mientras escuchaba a los pájaros volverse locos alrededor. 


Regresó con Hagrid, un poco desconcertado, aunque las criaturas llamaron su atención de forma inmediata, olvidando por completo la extraña experiencia. 


Más tarde, recostado en su habitación, estaba un poco desanimado puesto que no pudieron tocar a los pequeños hipogrifos, sin embargo los habían observado a una distancia prudente, el guardabosques los había despedido diciendo que, una vez que estuvieran un poco más grandes, podrían acercarse un poco más, pero que de momento era más seguro de esa forma. Cerró los ojos por un leve momento, tratando de encontrar el sueño…cuando lo escuchó. Un leve murmullo, apenas audible para él “ven…síguenos, búscanos, te daremos lo que más deseas”


Harry se sentó rápidamente mirando alrededor, sus compañeros de casa estaban acostados, tratando de conciliar el sueño igual que él. Negó un par de veces y luego trató de volver a conciliar el sueño.


Esa situación se había vuelto algo recurrente los próximos días, siempre como un pequeño susurro, siempre como una sugerencia “ven, tenemos algo para ti” “Podemos darte todo lo que deseas” “podemos ayudarte” era lo más dicho. Harry consideró por un momento comentar estos episodios con un maestro, pero no dudaba que fuera algo fuera de lo común y que ameritaba un lugar en san mungo, o un loquero con sus parientes. Así que se quedó en silencio.


Harry bajó de su escoba con la snitch en la mano, estaba sonriendo por la reciente victoria, y por lo que había dicho el capitán del equipo solo necesitaban concentrarse en anotar de 20 a 30 puntos en los siguientes partidos, además de ganarlos para tener la copa. Con un poco de suerte, podrían llegar a obtener la copa de las casa también.


Estaba por entrar a los vestuarios con el resto del equipo cuando vio como James y Lily Potter estaban en la entrada. El equipo de Slytherin se detuvo junto con él.


—Harry ellos son…

—Necesito hablar con Harry Potter. 

Los estudiantes se movieron incómodos, sin saber exactamente qué hacer, pero dejaron que Harry diera unos pasos. Armándose de valor miró al mayor. —No puedo hablar con usted sin mi abogado…Sr. Potter. 


Los miembros del equipo se miraron entre ellos, cuando el mayor de ellos, un chico de séptimo año dio un paso adelante. —Si eso es cierto, puede agendar una cita con el abogado de Potter, estoy seguro que será de mayor ayuda que acechando al niño.


El hombre se incomodó. —Eso no es asunto tuyo. Necesito hablar con mi hijo. 


—Harry—. El muchacho se agachó un poco, mirando al otro a los ojos. —¿Te parece bien si hablas con tu abogado? Mientras, podemos entretener un poco a tu…familiar. 


Harry asintió, mientras otro chico le decía que lo llevaría a la oficina del director.


—Eso no será necesario, muchachos, pueden llevar al Sr. Potter a su sala común.


Los chicos de Slytherin asintieron mientras se llevaban al chico.


—James, te he dicho que no puedes ponerte en contacto con Harry.


—Es mi hijo, Albus, no pueden alejarlo de mí.

 

—Rodolphus fue muy claro en…


Los chicos ya no podían seguir escuchando por la distancia. Había una regla tácita en la casa, no importa quién eres, entre todos ellos se cuidaban, y a pesar de saber poco de lo que sucedía con el niño, acordaron que si veían al cabeza de la familia Potter, ellos actuarían en consecuencia y se alejaría a Harry de él.


Conforme pasaban los días, las cosas habían estado escalando, Harry recibía cartas a diario, mientras que James y Lily Potter aparecían en momentos aleatorios en los pasillos, llegó al punto en que Harry, por el estrés ocasionado, había ido a la enfermería varias veces por ataques de pánico. Las voces se hacían cada vez más notorias para él, cuando estaba solo escuchaba sus susurros, como sirenas llamándolo.


Esta situación incrementó por las siguientes semanas a pesar de los mejores esfuerzos del director Dumbledore de intervenir a favor de Harry. 


La situación fue aún más difícil cuando sus parientes solicitaron que fuera para las vacaciones de pascua. Sin poder negarse ante sus tutores, partió en el tren esas dos semanas de vacaciones.


Al regresar a clases, los profesores se sorprendieron enormemente al no ver las asignaciones realizadas en las vacaciones. Y como era la primera vez que ésto sucedía, habían acordado de forma unánime, darle la oportunidad de entregarlas, aunque con una nota menor. Para poder brindarles la misma oportunidad a los demás estudiantes y no tener favoritismos.


Al mismo tiempo en las juntas de profesores externaron su preocupación del chico al verlo más “triste” sin otra palabra para agregar. El asunto de la demanda aún no era de conocimiento común, pero una conversación entre Harry y su abogado, que había tenido unos días después de que el chico regresó de las vacaciones de pascua, habían solicitado una orden de alejamiento. Solo para que Andrew Potter comenzara su tarea en acosarlo dentro de la escuela.


La situación se salió de control cuando la orden de alejamiento había sido rechazada, las cartas y el acecho de los Potter continuó con renovada fuerza. Aparentemente si bien el Sr. Dumbledore actuaba como mediador entre la familia, también se había encargado de hablar con algunos conocidos para que la orden no fuera ejecutada, alegando un “desacuerdo familiar” y que “podía arreglarse sin mayores interferencias de la ley”. Tal vez solo quería que James Potter, un auror con un futuro brillante no se opacara con tal orden. Había rumores que sería ascendido en las próximas semanas.


Sin embargo esta situación fue desesperante para el niño. El abogado había metido una apelación junto a nuevas pruebas sobre el estrés que estaba teniendo el chico. Todo estaba ralentizado por la falta de movilidad en el departamento de protección infantil también. El departamento estaba sufriendo de algunos cambios en el personal, entonces su papelería estaba debajo de muchos otros procesos. No podía ver el momento en que por fin fuera tomado el caso, aún faltaba la visita que haría con sus tutores muggles, pero tenía que esperar a que le dieran la custodia mágica del chico. No le permitiría entrometerse en su vida hogareña, pero si le permitiría asignar tutores y asegurar que su vida con los muggles fuera aceptable.


Una noche, Harry se despertó de una nueva pesadilla, su corazón se agitaba y martilleaba su pecho sin cansancio. El chico se levantó con lágrimas en los ojos, era una fortuna no haber despertado a sus compañeros de cuarto. “Ven, te ayudaremos” escuchó en su cabeza y por primera vez trató de encontrar las voces. Estaba cansado y desesperado. En tres semanas más regresaría con su familia y él no podía ver el momento en que esto pasara. Quería correr, huir, pero al mismo tiempo no podía, no sabía a quién recurrir. El Sr. Lestrange apenas podía hacer tanto…


Salió de la sala común y empezó a caminar por los pasillos. Siguiendo esas voces que trataban de meterlo en aguas profundas. “...por aquí” Harry siguió caminando como en una especie de transe, el miedo, la incertidumbre, fue dejado atrás poco a poco. Y en las entrañas del mismo colegio, escondido en uno de los tantos salones vacíos, un pequeño libro, muy delgado y viejo. Sin pensarlo demasiado lo tomó, con manos temblorosas y regresó corriendo a su cama en la sala común. Tenía la sensación de que había hecho algo muy malo. A pesar de los “Muy bien…” “pronto podrás tener lo que deseas” y “ya nadie podrá lastimarte” que las voces se empeñaban en decir.


Se tomó toda la noche para leer, para conocer hasta el más mínimo detalle del libro.


Comentarios

Entradas populares